sábado, mayo 07, 2005

She is like a rainbow


Siempre lo he pensado. Una buena canción puede levantarte un mal día.

En mi vida, he tenido malos días y buenas canciones, buenos días y mejor canciones.

El personaje central de un libro que leí, recordaba las diferentes etapas de su vida por las novias que había padecido y disfrutado. A mi me pasa lo mismo con la música. Y supongo que a mucha gente también.

No soy una sibarita musicalmente hablando, o tal vez sí, pero lógicamente siempre bajo mi criterio. Pero de cualquier forma, no me gusta etiquetar las cosas y por ende tampoco la música.

Descubrí la música como parte importante de mi vida alrededor de los 15 años. Recuerdo un tarde lluviosa en un mes de octubre, en la habitación de un apartamento de una zona turística de playa. Sonaba She is like the rainbow por los Rolling Stones en un disco de vinilo y nosotras estábamos sentadas en una cama aún llena de muñecos de peluche.
Soñábamos ser ese arco iris. Lleno de colores.

Desde entonces hasta ahora, la música me ha acompañado.

Aprendí a conducir con Divina de Radio Futura a volumen 40 para no oírme los latidos del corazón porque me daba pánico tener un accidente. Santiago Auseron me ayudo en el trance.

Enya y el New Age me ayudaron a terminar la carrera consiguiendo relajarme en los peores momentos. Dover, me daba el mínimo punto de locura y rebeldía que podía permitirme entre examen y examen.

Piece of my heart me enseño a sentir y fue entonces cuando me enamore del blues.
Arrojé las primeras lagrimas con Temblando y En la playa de Hombres G.

Sweet Child of Mine de Guns & Roses me hizo sentirme rebelde y distinta (como a miles de personas) en un estadio de Montjuic lleno hasta la bandera.

San Francisco de Scott Mckenzie me evoca una playa, un coche, 20 años y muchas hormonas. No podré olvidar esa canción.

El año pasado conseguí mantenerme en mi sitio y no derrumbarme gracias a Queen. (Momento extremo, tuve que ir sobre seguro)
Bohemian Rhapsody me sigue haciendo temblar.

Bailé con los Chemical Brothers durante dos horas yo sola y junto a otras 20 mil personas, y no había consumido ninguna sustancia.

Descubrí que Leonard Cohen no es ni un triste ni un aburrido y sí una compañía fantástica.
Con Cannon de Pachelbel recuerdo que estoy viva, solo cuando lo olvido...

Y David Bowie siempre me recordara que cuando todo se tuerza siempre estarás para subirme al séptimo cielo.

2 comentarios:

J-vol dijo...

Buena música es la que te hace sentir algo.

Micropene dijo...

Me entristece pensar que mientras tú disfrutabas de todo ese ecléctico abanico musical yo sólo escuchaba La Trinca.